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ENFOQUE-Geisha moderna triunfa en un mundo cerrado y tradicional

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11/5/2008 - 14:36(GMT)

Por Elaine Lies

Historia continua abajo

KIOTO (Reuters) - Hace sólo ocho años, Komomo era una adolescente japonesa que vivía en Pekín, andaba en bicicleta por la ciudad y jugaba al billar con sus amigos durante los fines de semana.

Ahora es una geisha de Kioto, la antigua capital de Japón, una integrante orgullosa de esta profesión de animadoras con siglos de antigüedad, pero en extinción, veneradas por su belleza, su habilidad en la danza y música tradicionales y su ingeniosa conversación.

A diferencia de los viejos tiempos cuando las niñas se convertían en geisha por medio de conexiones personales, Komomo (que significa "pequeño durazno"), de 23 años, dio sus primeros pasos hacia la vocación por correo electrónico.

Tal como lo relata Komomo en "A Geisha's Journey," un libro de ensayos y fotografías de Naoyuki Ogino, ella no tenía forma de aprender sobre el remoto y secreto mundo de las geishas hasta que encontró un sitio de internet.

La página es administrada por Koito, una geisha de Kioto quien también dirigía una okiya o casa de geishas, http://www.e-koito.com.

"Quería saber más sobre mi propio país y por eso es que elegí este mundo," dijo Komomo a Reuters.

Vestida con un kimono negro de emblema formal y una faja con brocado, su cara cubierta del maquillaje blanco con sólo un toque de rojo en los ojos, agregó: "Quería hacer de la historia y costumbres japonesas una parte de mi vida cotidiana, no sólo vestir un kimono ocasionalmente sino todos los días, y vivir la vida como ellas solían hacerlo en los viejos tiempos."

Pero esto parecía imposible hasta que encontró la página de Koito, uno de los primeros sitios creados por una geisha profesional.

"Estaba tan emocionada que le escribí a Koito-san inmediatamente, diciéndole sobre mi sueño de convertirme en una maiko, una aprendiz de geisha, pero que no sabía cómo empezar," escribió Komomo.

Las dos mujeres se escribieron durante tres años, hasta que Komomo terminó la escuela secundaria. Restándole importancia a la oposición de sus padres, quienes querían un camino más convencional de universidad y matrimonio, la joven de 15 años se dirigió a Kioto.

"No pensé que fuera a durar," dijo Kimiko Nasu, la madre de Komomo, quien estaba visitando a su única hija. "Ella tiene una voluntad fuerte, y en el mundo de las geishas una tiene que hacerse desaparecer," agregó.

CONCEPTOS MUY ENFATIZADOS

Komomo se mudó al okiya en Miyagawa-cho, un grupo de angostas calles adoquinadas bordeadas por casas de madera en el centro de Kioto. En sus primeras semanas aprendió a saludar a la gente con reverencias educadas, vestir un kimono y hablar en el suave dialecto de Kioto.

"El primer año, todos los días sentía estar siendo reprendida todo el tiempo. Ese era mi trabajo, ser reprendida," contó Komomo, quien mide 1,50 metros de alto.

"En las reuniones nocturnas no se permiten errores, y esto no es algo que una aprende de repente. Tiene que ser enfatizado, como parte de la vida diaria, para que no hacer algo vergonzoso frente a los invitados," agregó.

Cada uno de los demandantes días comienza con clases de baile, canto, ceremonia del té y música, y sigue con eventos -el verdadero trabajo de las geishas- desde las seis hasta la medianoche.

Con solo un día libre cada dos o tres meses, Komomo a veces al principio anhelaba la vida de una adolescente común.

Pero pensó brevemente en abandonar, durante las primeras dos semanas, cuando otra chica decidió irse.

"Entonces me di cuenta de qué era lo que realmente sentía. Pensaba, ya que decidí hacer esto, bien podría esforzarme mucho," afirmó.

Lucir un elaborado kimono maiko con mangas largas y una ancha faja por detrás y aprender a caminar en el vestuario sin chocar con nada ni con nadie, especialmente durante los números de baile, fue arduo. Komomo también solía olvidarse de reglas y perder adornos para el cabello.

"En nuestra okiya no llorábamos mucho. El tiempo que pasé en China fue en realidad mucho más dificil," comentó.

La vida de Komomo en el exterior -nació en México y pasó algunos años en Japón antes de mudarse a China- ha sido algo positivo dado que la ayudó a romper el hielo con los invitados. Pero había problemas.

"Al principio pensé que tenía cierta fricción con la vida común en Japón, y era un poco atrevida. Aquí dicen que es mejor actuar como si no supieras nada, pero ser en realidad muy inteligente," recordó.

"Cada tanto me comportaba de forma presuntuosa por toda la atención, pero alguien pronto me puso los pies en la tierra," dijo Komomo sobre sí misma cinco años atrás cuando era una maiko.

Se negó a decir cuánto gana, pero quienes concurren al teatro donde se desempeña como bailarina dicen que es popular. Es dueña de una casa, y en su habitación principal tiene un enorme televisor pantalla plana y una nueva computadora Macintosh.

"Cuando empecé me dijeron que no tenía una belleza increible así que debía tratar de tener siempre una sonrisa en mi cara. Las lindas consiguen trabajo fácilmente, yo tengo que esforzarme," dijo la joven.

TEMORES FUTUROS

Aún así, ella confesó que su futuro le preocupa. No hay jubilación para las geishas y no se les permite casarse, si bien en el pasado algunas eran mantenidas como amantes. Algunas incluso fueron madres solteras.

Si bien Komomo dice querer tener hijos, solo es una geisha hace dos años y todavía no ha pensado sobre su futuro en ese aspecto.

Un interrogante mayor es el destino del mismo mundo de las geisha.

Las geishas en Japón llegaron a un pico de 80.000 en 1928, pero ahora apenas quedan 1.000. Uno de los seis distritos geisha en la Kioto de tradiciones arcaicas quebró debido a la falta de actividad.

Los problemas económicos de la década de 1990 rebajaron drásticamente los gastos de los ejecutivos de negocios quienes alguna vez fueron los sostenes principales de las geisha.

Una cena con una geisha presente puede costar alrededor de 80.000 yenes (785 dólares) por persona, dependiendo del lugar y del número de geishas.

Otro problema es que los hombres hoy en día tienden a preferir el entretenimiento menos formal como el karaoke o los bares de anfitrionas.

Muchas personas, incluyendo a Komomo, dicen que el mundo geisha necesita abrirse más, y que internet es una herramienta ideal.

Para facilitar el proceso de ingreso de los neófitos al mundo geisha, Koito, quien capacitó a Komomo, administra un bar elegante en el primer piso de su okiya donde los invitados pueden conocer geishas a precios relativamente baratos.

"La historia cambia, de modo que si ofreces siempre lo mismo no funcionará," comentó.

"Necesitamos seguir ofreciendo cosas que el mundo necesita. Si no nos necesitan más, todo los que nos queda por hacer es desaparecer," añadió.

(Editado por Patricia Avila)

Terra/Reuters

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